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06 July 2014

Con sabor a casa

Pequeño, pero exacto. Lleno de detalles caprichosos como una casita de pájaros. Nuestro apartamento para dos al norte de la ciudad de Chicago es más que un cálido refugio. Es un espacio de reconexión con nuestro mundo que funciona a la vez como una cocina versátil y honesta para todas nuestras ideas.



Su lado funcional y práctico de alguna forma se lleva de la mano con el impulso de mantener presente los recuerdos, el arte en las pareces, los libros y la música, quizás de la misma forma en que esta redactora rebelde y su ingeniero calculador consiguieron unir dos perspectivas muy distintas de la vida.

Si hay algo en que estamos de acuerdo Nabol y yo, es que se está muy a gusto aquí. Se pasa bien.

El entrepunto de nuestra casa, su corazón, es la salita rectangular que une al único cuarto que tenemos con el comedor y la cocina. Cada conversación en la salita parece estar protegida por el inmenso árbol verde limón que cubre la vista del ventanal a la calle. La mitad de esta misma sala es además convenientemente reversible a un cuartito muy mono y simple que le arreglamos al que visita, siempre y cuando traiga buen café, vino o algún dulce que valga la pena.


El sofá de esta casa también es muy querido. Ha sobrevivido unas cuantas mudanzas y su tela en negro tejida es perfecta para arreglar con cojines de colores. Le va muy bien al color capuchino de los muebles y para tomar una siesta sabatina no tiene precio.

Los acentos naturales en el apartamento, por su parte, incluyendo las ramitas torcidas de la lámpara, el cajón para revistas en una madera más clara, los adornos de pajaritos, los cuadros que pintó mamá y el vinil en forma de árbol que adorna la pared sirven para crear una sensación de serenidad que es muy necesaria en nuestra rutina. 

Nos encantan los objetos reciclados también y los que hemos encontrado en lugares especiales para nosotros. Creamos un collage en la pared con la excusa de exhibir algunos de ellos: un cuadrito hecho con corchos para la boda de mi hermana, un pedazo de tronco tallado que Nabol consiguió en Tennessee, algunas fotos importantes de nuestras vidas pasadas en Colorado, New York y Texas, y el abanico de mar que me recuerda las caminatas a la orilla del mar en mi islita de Vieques.


Y claro, no podemos olvidarnos de la cocina. Aquí, no hay vajilla completa para ocho. ¡Ni tan siquiera para cuatro! Excepto por 4 platos básicos color blanco, todos los demás son distintos. Nabol ya hizo las pases con el asunto, e incluso me sorprende a veces con tazas nuevas y otras piezas con diseños interesantes que se encuentra en garaje sales o en tiendas de Chicago.

La alacena tiene especias de todas partes del mundo. La nevera tiene fotos de los buenos amigos. Y el comedor es casi de adorno. Lo usamos para tomar las fotos de comida del blog. That’s it! En casa se come en el piso como los asiáticos, con el coffee table frente al televisor. Nos encanta. Siempre es el mejor momento del día.


Poco a poco, la casita de pájaros va evolucionando. Se va adaptando a todos nuestros cambios. Se hace cada vez más esencial dedicarle tiempo y el apartamento a su vez, nos recompensa con esa sensación reconfortante de llegar a un espacio que se siente muy tuyo, por sencillo que sea.

Las recetas de Verdelicias nacen aquí, se piensan aquí. Y cuando se dice que la comida sabe a casa, es porque es cierto. No hay nada tan influyente en el sabor de todo lo que hacemos que esas cuatro paredes a las que le llamas hogar y todo lo que va dentro.

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